| Se han dado todas las razones a favor y en
contra de mantener el peso y realmente hay soluciones para todos los
gustos.
Me inclino porque la Argentina tenga
una moneda nacional. Cuando se dice que la confianza pública en el
peso está quebrada hay que traducirlo y transferir el descrédito a
los gobernantes y funcionarios que lo manipularon, lo degradaron, lo
utilizaron en desmedro del público, del bien común,
irresponsablemente!
El dólar y nuestro peso son papel, no
representan ninguna cantidad efectiva de valor y la confianza que se
les dispensa sólo reposa en la fe que merezca el Estado emisor.
Cuando hablamos de "confianza pública" los hacemos con referencia a
su "estabilidad", a su sentido de "valor de cambio", al papel moneda
como instrumento, herramiento, como "valorímetro".
Aun en Estados Unidos hubo épocas de
verdadera desconfianza en su propio signo monetario. En el caso
Willard vs.Taylor la Corte Suprema rechazó la pretensión de
comprar un inmueble por el valor nominal pactado, cuando en
dólar había sufrido una depreciación del 40% en diez años, en
Thorington v/ Kenney dijo que el valor a computar debía ser el que
tenía al celebrar el contrato, en Effinger v/ Kenney sostuvo que
siempre hace falta analizar si hubo "intención de asumir el riesgo
de semejante depreciación monetaria" Aunque estos casos son
del siglo pasado, piensen que el valor de compra del dólar de hace
treinta, cuarenta y cincuenta años, ha decrecido de manera
alarmante. Recuerden que De Gaulle exigió el oro de Fort Nox a
razón de U$S 37 la onza y ante una conducta similar del mundo
arabe, se derogó el patrón oro. Antes de Reagan hubo años del 20% de
inflación anual! Aún hoy se habla del peligroso endeudamiento
de EEUU, y del empapelamiento mundial del dólar.
En todos lados se cuecen habas!. La
cuestión no es nueva: Montesquieu ya decía que la moneda y su
estabilidad es la fuente de todas las leyes civiles, en su libro
"Esprit de Lois". También se dijo con sobrados motivos "que la
historia de las monedas es la historia de un inmenso latrocinio; la
historia de la credulidad llevada a su límite extremo; de la
confianza siempre defraudada y siempre renaciente, porque la
estabilidad monetaria no ha sido nunca la regla sino una
excepción extraordinaria" ( Faustino Infante, "Napoleón y la
Moneda", ver en Jurisprudencia Argentina 1959-III, sección
doctrina, pág.59).
Por eso pienso que no hay que cambiar
el peso. En todo caso "los gobernantes", porque con los que
tenemos " no hay divisa que aguante", y la Reserva Federal no
quiere sabe nada con el señoraje.
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